
El mango (Mangifera indica L.) es uno de los cultivos más importantes con una gran relevancia económica y para la exportación en la zona norte del Perú. Las principales zonas productoras se concentran en Olmos y Motupe (Lambayeque); el valle de San Lorenzo – Tambogrande, Chulucanas, y Sullana (Piura), y Casma (Ancash). Entre las variedades cosechadas destacan Kent, Haden y Tommy Atkins, reconocidos por su excelente sabor, buen color y apariencia externa, excelente calidad y con gran demanda en los mercados internacionales. La temporada de producción en el Perú se inicia en noviembre y dura hasta marzo, mientras que la etapa de floración y cuajado se da entre los meses de julio y setiembre.

Figura 1. Calendario fenológico estándar del mango en Piura. Fuente: UDEP, 2017
La época de floración es el período más crucial para que el cultivo tenga éxito. El mango es una especie rústica que se adapta a suelos variados, incluyendo los pedregosos y los arenosos o montañosos. Sin embargo, la floración está fuertemente influenciada por el clima, en particular por la temperatura mínima y la sensación térmica. Para que la floración suceda de manera natural, el mango requiere tres condiciones esenciales:

Figura 2. Registro fotográfico de florales en mango. Fuente: Corredor y Garcï, 2011
1) Brote maduro, es decir, tejido de la planta que ha crecido completamente.
2) Estrés por falta de agua o agoste, lo que frena el crecimiento de las plantas.
3) Temperaturas mínimas por debajo de 16 °C que provocan la diferenciación de las flores.
Las dos primeras condiciones pueden ser controladas a nivel agronómico; no obstante, la temperatura se encuentra completamente sujeta al clima de cada campaña. Por lo tanto, los productores tienen que ajustar su gestión de acuerdo con el tipo de año: si es cálido o frío.
Diversos estudios recientes concuerdan en que el entorno y factores ambientales tienen una estrecha relación con la floración del mango.
Los factores más importantes son:
Temperatura: La floración se estimula cuando las temperaturas son bajas y estables (por debajo de 25 °C en el día y por debajo de 15 °C en la noche). Las temperaturas elevadas fomentan el desarrollo vegetativo y demoran la floración. Para lograr la floración, son necesarios periodos de 10 días o más con temperaturas frescas.
Humedad relativa y precipitación: La inducción de flores se ve favorecida por la falta de lluvias y una humedad relativa baja. Si hay mucha humedad o llueve con regularidad, esto puede hacer que la vegetación vuelva a crecer y que la floración no se produzca.
Radiación del sol y viento: El reposo fisiológico y la maduración del brote son favorecidos por el incremento de radiación solar y la existencia de vientos secos, factores que preparan al árbol para su floración.
Estrés hídrico regulado: Un periodo moderado de sequía frena el crecimiento de las plantas y promueve la distinción entre flores. No obstante, este elemento por sí mismo no sustituye la exigencia de temperaturas bajas para finalizar el proceso de floración.
Referencias:
