
El tomate es una de las hortalizas más consumidas en el mundo, debido a la importante fuente de vitaminas, nutrientes y compuestos bioactivos que permiten prevenir enfermedades crónicas, puesto que un tomate cubre el 38 % de la cantidad diaria recomendada de vitamina C, el 13% de la de vitamina B6 y el 17% del requerimiento del hierro que necesita el cuerpo. Asimismo, el tomate es uno de los frutos con mayor valor económico, cuya demanda aumenta continuamente y con ella su cultivo, producción y comercio. Según estimaciones de la FAO, el incremento anual de la producción de tomate en los últimos diez años ha sido de más del 35%, siendo China el mayor productor con 25 millones de toneladas, seguido por Estados Unidos con 12.2 millones de toneladas, Turquía, India, Egipto e Italia. En el Perú, según el Banco Central de Reserva del Perú (BCR), la producción de tomate tuvo una alza del 7.2% en el año 2023, con una producción de 226 200 toneladas, frente a las 211 000 toneladas reportadas el año previo.

Figura 1. Invernadero de tomate orgánico
Si bien los tomates son hortalizas muy valoradas a nivel mundial, este cultivo se ve afectado por diversas enfermedades ocasionadas por fitopatógenos, los cuales reducen la calidad y el rendimiento de producción. Entre los fitopatógenos más comunes en el cultivo de tomate se encuentran Alternaria solani y Botrytis cinerea, los cuales suelen atacar partes importantes como las hojas, tallos y frutos, ocasionando pérdidas económicas significativas.
El tizón temprano o tizón foliar, causado por el fitopatógeno Alternaria solani, es una enfermedad que suele aparecer en condiciones de climas cálidos y lluviosos, ocasionando síntomas de pudrición en las diferentes partes de la planta, como el cuello, tallo o el fruto de la planta. La pudrición principalmente del fruto causada por este hongo suele ser de lesiones oscuras, hundidas y coriáceas alrededor de los tallos del fruto o grietas de crecimiento. Por su parte, el moho gris, causado por el fitopatógeno Botrytis cinerea, es una enfermedad que se presenta principalmente en zonas de alta humedad, con síntomas que incluyen el crecimiento del fitopatógeno en hojas, flores y frutos, presentando lesiones en frutos de color blanco y acuoso, y en la pulpa de color gris claro.

Figura 2. Crecimiento de (a) Alternaria solani y (b) Botrytis cinerea en plantas de tomate
Debido a las implicancias que conlleva la presencia de estas enfermedades en los frutos del tomate, es indispensable un tratamiento y control con el propósito de tener una menor pérdida en la producción y calidad del fruto. En la actualidad, el control genético, biológico y químico son los tratamientos que más alcance han presentado en este cultivo, siendo el control químico el que presenta una mayor participación; por ello, el control de los patógenos como Alternaria solani y Botrytis cinerea se basa principalmente en el uso de fungicidas químicos, como mancozeb, clorotalonil, azoxistrobina, difenoconazol y mezclas registradas para solanáceas, con aplicaciones preventivas o curativas al inicio de los síntomas con fungicidas de contacto y sistémicos.
No obstante, el uso de estos compuestos ocasiona residualidad y resistencia del fitopatógeno cuando su uso es frecuente y no se realiza una rotación adecuada. Por ello, en los últimos años se han presentado restricciones legales que limitan su aplicación, especialmente durante la precosecha. Esto ha obligado a los productores a diversificar sus estrategias, combinando fungicidas con mecanismos de acción variados y adoptando métodos alternativos como el manejo integrado que incluye prácticas culturales, biológicas y la búsqueda de productos naturales certificados.
Debido a esta problemática en los laboratorios de Bio Natural Solutions hemos desarrollado Life Cover Plus Fórmula LCS40, solución patentada internacionalmente que gracias a los extractos de cáscaras cítricas contiene ácidos orgánicos como el ácido cítrico y el ácido ascórbico que tienen la capacidad de reducir el pH del entorno aplicado, creando un ambiente menos favorable para los fitopatógenos como los hongos Alternaria solani y Botrytis cinerea, alterando su membrana celular y afectando su reproducción celular. Presenta un efecto antifúngico que se produce por su unión al ergosterol en la membrana celular del hongo y la subsecuente formación de poros que alteran la permeabilidad de su membrana. Esto produce la pérdida de materiales celulares esenciales y, posteriormente, la muerte del hongo. Este producto se encuentra libre de residuos químicos y tiene certificación orgánica que lo hace ideal para su empleo en etapas de precosecha en cultivos de tomate. ¡Por ello, elige nuestra solución orgánica: natural, eficaz y responsable con el medio ambiente!.

Referencias:

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